Concierto del Quartet de Barcelona y Miguel Ángel Prieto en el que la música de Eduard Toldrà estuvo acompañada con una copa de Terrer d’Aubert 2003.
El cuarteto de cuerda es una filarmónica de bolsillo entrañable. Lo sabemos desde Haydn. También estamos familiarizados con el quinteto que da voz a un instrumento protagonista. La soberanía de los quintetos para piano de Brahms; los festivos quintetos para guitarra de Boccherini, o los estratosféricos quintetos de Schubert para un segundo violonchelo son habituales en el repertorio clásico. Al cuarteto se le ha incorporado un nuevo instrumento insonoro y gustativo. Enoclásica es una cata con música. Según las características del vino, eligen una pieza musical que le sea apropiada. Hay motivo: la acidez se acopla con las notas agudas, mientras que la untuosidad y la carga tánica se aprecia mejor en los registros graves. Los carbónicos armonizan con los stacatti y pizzicatti. El tempo es el equilibrio de aromas, y la complejidad de la armonía resalta cuando los vinos son maduros. El espectador degusta el vino con los sentidos despiertos en la calma del concierto, una liturgia alejada del tumulto de la sobremesa. Tal vez, Enoclásica está recuperando placeres arqueológicos que han permanecido olvidados durante los últimos tiempos.
El Quartet de Barcelona y el sommelier Miguel Ángel Prieto han unido el Terrer d’Aubert 2003 con un Allegro de Eduard Toldrà: “La Ginesta” del primer movimiento de “Vistes al Mar”.
