Deberíamos desconfiar de una pintura que pueda explicarse y más aun de aquella que necesita explicación, pero también es necesario reconocer lo difícil que resulta reprimir una traducción en palabras sobre las sensaciones inconcretas que nos despiertan las artes. Espero pues que mis palabras sean insertadas para apreciar la pintura de Dolors Caminal, de lo contrario entraríamos en contradicción con su obra tan alejada de cualquier rasgo literario. Con ello quiero decir que sus óleos no tratan nunca de contar anécdotas a través del enfoque o manipulación del tema, ni pintar directamente su historial personal. Se trata simplemente de un gesto milenario consistente en reproducir ni más o menos lo que uno tiene delante. La fidelidad hacia el modelo actuará en este caso como filtro pudoroso y sutil de las emociones internas. Sin duda una pintura a contracorriente, pues en general nos hallamos rodeados de exhibicionistas que utilizan a los amantes de las artes plásticas para su propia terapia. Dolors Caminal se sujeta voluntariamente a la tradición de un arte con referencias concretas. Figuras, paisajes y naturalezas muertas no son resueltas, como es común, por la vía del efectismo escenográfico o el hallazgo decorativo, más bien todo lo contrario, los resuelve sin permitirse frivolidades que intenten eludir el compromiso con el tema. El resultado de este rigor es siempre palpitante, sutil, emotivo y paradójicamente más libre que cualquier intento trasgresor de las referencias realistas, justificando hoy bajo la quimera de practicar una libertad sin códigos ni sujeciones externas. Afortunadamente el péndulo de las artes ha empezado el camino de retorno de unas tinieblas caóticas donde todos se desgañitaban vociferando su individualismo y originalidad. Volverán buenos tiempos para los artistas que han mantenido heroicamente su buen oficio, soportando indiferentes los distintos sinónimos de reaccionario. Serán buenos tiempos también para Dolors Caminal. Enhorabuena.
Arnold Goodfrey.
